lunes, 9 de abril de 2018

Reflexiones bisexuales III

Es curioso como con algunos hombres que practicamente son desconocidos para mí he sido totalmente sincero, mucho más de lo que he sido con las personas que me son más cercanas, personas que a pesar de conocerme por tantos años y de tantas maneras no conocen este lado mío, que no tienen ni idea de que me gusta mamar vergas y tragar semen. De que sentado sobre un pene erecto gimo como puta en celo.

Esto tiene mucha lógica, con estos desconocidos he compartido cama y orgasmos, han estado dentro de mi, incluso algunos han dejado algo suyo dentro (en mi estómago), y a pesar de tener sólo un primer encuentro llegamos a un grado de intimidad muy grande al estar desnudos haciendonos el amor, teniendo sexo, cogiendo, no siempre es igual. Se me hace fácil abrirme (nuevamente) con ellos y ser totalmente sincero en mi sentir y en lo que soy. Poder hablar sin trabas sobre lo que me gusta, como me gusta y el cómo lo descubrí. Hablar sin pelos en la lengua, a menos que sea uno de ellos, jajaja, sobre mi promiscuidad y el placer que encuentro con hombres o mujeres.

Porque finalmente, ellos ni siquiera están poniendo atención a lo que digo, quizá si han preguntado cosas pero no les interesa en realidad saber qué hay dentro de mi. Pero yo si hablo, yo si me desahogo y digo todo lo que quiero y trato de explicar como fue que tuve ese primer deseo de tener una verga en la boca y en el culo. Les explico que es lo que me gusta con un hombre y que con una mujer. Y eso es muy satisfactorio.

Es muy satisfactorio poder expresarme sin complejos, en total libertad.





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