lunes, 16 de julio de 2018

El recuento de los años (entre hombres)



La verdad es que han cambiado muchas cosas y han pasado muchas más desde la primera vez que me metí en la cama con un hombre, venciendo miedos y lleno de excitación, hasta el día de hoy. Un poco más de diez años, con un intervalo de casi cinco sin actividades homosexuales debido a mi matriminio, y con periodos de bastante promiscuidad, con hasta tres relaciones distintas en una semana (bueno, eso sólo pasó una vez).

He probado cosas, he sentido cosas, he experimentado lo que he querido y podido. He conocido casi todo tipo de hombres con los que he vivido muy distintas situaciones, desde chavitos híper intensos y cachondos, bisexuales calientísimos, miedosos medio atrevidos o maduros apasionados. He descubierto una parte mía que ni me imaginaba que podía existir. Bueno hace veinte años no lo habría imaginado.

Mi mayor actividad ha sido los últimos cinco años, bueno hasta hace unos cuatro o cinco meses. La verdad es que casi a diario buscaba algo en el chat, desde la posibilidad de sexo inmediato que varias veces encontré, hasta la simple pérdida de tiempo vagando por la pantalla de la computadora viendo si se conectaba gente de aquí, aunque siempre quería tener algo con ese nuevo integrante del chat. Pasando por las deliciosas sesiones de sexo escrito, que me encanta, jajaja, bueno parece obvio que me gusta escribir, donde en verdad me excito muchísimo imaginando ensoñaciones de encuentros prohibidos en un baño del cine o en una fiesta acompañado de mi novia, o simplemente en una plática caliente donde digo qué me gusta y que quiero, compartiendo placer a distancia desde esta pantalla. Sesiones de videochat por skipe, con pláticas igual de calientes y sinceras, al menos de mi parte; con masturbaciones mutuas con intercambios de elogios y placer; con mi excibicionismo desatado para complacer a quien me pide verme en cámara, a veces por mero aburrimiento al no encontrar nada más, meneando mis nalgas y mostrando mi culo. 

O en cierto estado de ebriedad, con la imperiosa necesidad de encontrar un hombre para satisfacer la pasión homosexual totalmente desbordada, y para mi fortuna la mayoría de las veces encontré a alguien igual de deseoso que yo.

Aunque la verdad es que fueron muchos más los días de mala suerte que los sexualmente venturosos, días en que los pasivos nos multiplicamos y estamos cinco o seis a la caza del primer activo que aparezca y que sea la posibilidad de un buen acostón sin compromiso. Me han dejado muchas veces plantado, me transladé bastantes kilómetros para quedarme con un palmo de narices ante quien parecía demasiado excitado y bastante confiable. Encontré, completamente excitado a tipos que creí igual pero que sólo querían quitarse la calentura jugando en la computadora sin ningún deseo por tener algo con alguien.

He tenido cruising y sexo colectivo, he satisfecho mi excibicionismo virtualmente y de forma real y mi voyeurismo también; he mamado todo tipo de penes y he tragado semen. Incluso, a pesar de todo lo que creía y había visto en mí mismo, he penetrado a dos tipos, a uno simplemente dejándome llevar y al otro devorándolo. Bueno incluso me he enamorado, o algo así.

martes, 3 de julio de 2018

El otro lado de la cama


Una de las premisas de esta divertida película es que todos somos bisexuales. O bien, que todos estamos propensos a sentir deseos por alguien de nuestro mismo sexo, y por ejemplo, en un momento en que nuestros prejuicios estén dormidos como cuando estamos ebrios, dejemos correr nuestra livido en libertad y buscar calor corporal sea de un hombre o una mujer (pienso que una buena cantidad de primeros encuentros homosexuales se dan al auspicio del alcohol).

Yo ya he dicho antes, encontré el placer por el sexo con el sexo opuesto totalmente sobrio, primero con puros deseos y luego experimentando eso con lo que tanto había fantaseado. Y tras probar, me gustó. 

Luego descubrí que lo que yo era se llamaba heteroflexible, que es el gusto por el sexo con alguien de tu mismo sexo pero sin posibilidad de una relación. Solamente algo netamente sexual. 

Finalmente el como se le nombre es lo de menos, uno debe experimentar eso que quiere como quiere sin ponerle etiquetas o dejarse influenciar por lo que se supone que debe ser y lo que no. 

La cosa es que tuve hace tiempo un encuentro con alguien que me hizo cuestionarme todo este asunto de solo sexo homosexual sin posibilidad de sentimientos por otro hombre. Un hombre casi 20 años menor que yo con quien la experiencia sexual fue algo maravilloso en muchos sentidos: desde los besos apasionados con todo el tiempo para gozarlos y que siguieron todo el tiempo que estuve con el, las caricias y el faje apasionadisimos, el sexo oral, la penetración, todo. 

Fue un encuentro maravilloso con alguien a quien encontré por casualidad y que tras varias charlas se decidió a invitarme a su cuarto para gozarnos mutuamente. No puedo decir que estoy enamorado pero si tengo una especie de obsesión por este chico. Es como se imaginarán la mejor relación sexual con un hombre que he tenido, y quiero más. Quiero ser su pareja clandestina, quiero ser el único con quien se meta en su cama y quien le de placer. Quiero ser su hombre.

Así que si hablamos de etiquetas, debo quedarme solo con la de bisexual.





Incluso, la cuarta vez que estuvimos juntos dejé que me grabara mientras se la chupaba y mientras me penetraba. Igual si estoy enamorado.